Para hablar del viejo Ibsen hay que sosegar la mirada, apearse del remolino exegético que lo acorrala y consagrarse al estudio de lo concreto: la heredad textual, el relato atado a la cuestión histórica, los signos que estructuran nuestra conmemoración. De entre estos últimos, convendría concentrarse en lo icónico, y más particularmente en lo que representa a la figura ibseniana en sí, en lo que otorga cuerpo a lo que se muestra como abstracción y remembranza. TEXTO COMPLETO