“De la joven dramaturgia y otras monstruos” por Enrique Olmos de Ita

 LAS CARTAS DE NAVEGACIÓN

Desde la notable irrupción del grupo de los Contemporáneos, más o menos cada veinte años surge una nueva generación de dramaturgos mexicanos. Luego críticos y estudiosos se encargan de darle corpus cronológico y de poner en su sitio las intrusiones, los excesos, los saltos en el tiempo de cada integrante hasta completar un archivo que concluya en tesis doctoral o ensayo de divulgación, es decir, aumentar la colección documental en universidades y centros de investigación.
      En estos años, los encargados de la ardua tarea, más taxonómica que crítica, de ordenar la dramaturgia mexicana, no se ponen de acuerdo en cuántas generaciones de dramaturgos mexicanos van desde Novo, Villaurrutia y Gorostiza hasta los jóvenes de este nuevo siglo. Se dice que seis, otros que cinco, algunos hablan de siete.
      Sucede en todo. Cada crítico, investigador o diletante, tiene su teoría, o su escuela de pensamiento, o sus preferencias temáticas, regionalistas, casuísticas.
      En suma, que para entrar en el tema de la joven dramaturgia mexicana, es decir, la más reciente o novísima, mejor dicho, la de los autores que nacieron, o nacimos en los años setenta y ochenta, no tengo reparo en señalar que estaré hablando de mis amigos y de uno que otro conocido.

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